miércoles, 5 de marzo de 2014
CAMINO
AL SOL EN CUCLILLA
Por: Gloria Dávila Espinoza /Perú
En tu boca pintada de nudos y soles
de pájaros en cristales
repleta de tintura y caracolas
estilógrafos en pies de hombres y
mujeres-piedras.
Allí en
tus dos miembros inferiores
que
desandan los pasos del tiempo
en ecos
de voces migrantes en la curva del ciempiés
que
carcome al hartazgo el viento y supura tu aurora.
Allí en donde el nácar de tus ojos
es apenas minúscula escotilla
abriendo caminos a mis pasos;
en donde tu boca de campanario es
verbo ajeno.
Voy,
sumisa desando el aliento a tu caminar
de sueños
y fauces repletitos del sol
y que
después de tanto dolor
remienda
fronteras hirviendo de sudor.
En primigenio
dolor que es hoy y desde entonces,
circuncidada polvareda del recuerdo
de ser ostia en mis noches confesadas
ante el lúgubre destierro de mis
huesos.
Tus manos
obreras, redimen tu cuerpo a caminos
y en
esos mismos pasos
el
barro ha batido su nombre
y
florece en el dolor de morir sin ojos.
Como
los verdes campos y praderas
descubro
el eco de un trueno
retumbando
a mis oídos en ausencia
como desierto y oasis
naciendo
para ser amalgama de recuerdos idos.
Níveas miradas,
perfilan mi nombre
que
ostentan a cada paso
tras jirones
que arrancan tu elixir
untando
el dolor que loa la desdicha.
Instante
a instante, oquedades se asoman por doquier
jamás fueron
sombras porque orlaron mañanas
del
incierto infierno que reverdece en un
cáliz
germinando
el sopor en esa espera eterna
Batallas,
armas, guerras, látigo del fuego
en tristezas
encendiendo la noche luminosa
para
ser huellas de la sangre
en
caminos y saetas de muerte.
Sumisa
para ser tu génesis escardan
el hoy
y del ayer en tu boca de ostra
en donde fluye el arco iris jadeante
de ecos
en el que se anidan hechizos en
sepias.
Aquellas que siluetas de una mirada
en sentimientos de enjambre son
a donde concurre un pueblo en
cuclillas
en vísperas de helechos en brotes.
Y al final del camino, voy silencios esculpiendo
tras pirámides y armaduras que espejos
rojos ha zurcido
de hombres, mujeres y niños, de lechos y abismos
que no saben sino de espantos en destinos
de muertes.
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